Soy Virginia Pérez Mesonero, deportista de carreras por montaña y tengo que contaros un secreto, me encantan las legumbres, así que no, nunca he sido la típica niña que pedía macarrones en su cumpleaños, soy más de verduras y guisos: p
Por competiciones y entrenamientos (y con suerte por vacaciones) suelo viajar mucho a lugares donde es difícil encontrar legumbres, seguro que alguna vez os ha pasado.
A los que no os gusten diréis: “Si eso es lo mejor de viajar, no tener que comer lentejas”, pero para mí, comerlas es crucial en mi alimentación.
Sobre todo, cuando toca ir lejos y estar muchos días, como por ejemplo en el último Mundial de Trail en Tailandia, el cuerpo, después de una semana a base de arroz, pasta y huevo, las pide.
Os voy a contar un poco como fue. Este viaje tan largo comenzó con un madrugón desde Madrid.No pudimos desayunar porque era muy temprano. Serían las 4am y nos dieron un desayuno (por llamarlo de alguna forma) con, en mi caso por ser vegetariana, una ensalada y un plátano, al resto, un sándwich de jamón york y queso y un Kit Kat. Buen comienzo de viaje… Se auguraban curvas.
En el avión, lo que me encontré durante 8 horas fue una especie de tortilla (aunque eso era mucho llamarle) con una plasta de algo que podría ser leche de avena o similar y poco más.
En el siguiente vuelo ya no me la pude jugar, había que comprar algo en el aeropuerto de Bangkok y por suerte, en un restaurante japonés, pude pedir arroz y edamames, algo es algo.
El siguiente vuelo (sí fueron tres) no mejoró, y así, fueron pasando los días y yo sin encontrar una comida tan sencilla como unas legumbres.
Mi primera cena allí fueron unos Taglietelle con salsa de champiñones, muy buenos, riquísimos, pero… me faltó la proteína.
Eso sí durante esos días, probé helado de coco, leche de coco con bolitas de melón, ensalada thai picante (y tanto que picaba) Mis compañeros dieron fe de que me la acabé, pero llorando de lo fuerte que estaba.
Y para casa, me traje una bolsa de especias típicas tailandesas. ¿Sobreviviremos a ellas?
Lo que no probé, y que es tan “típico” ver por Tailandia son los insectos. Fuimos a un mercado en el que los había de todo tipo y, de todas formas, colores (e imagino) sabores. Puede que sean el alimento del futuro, quien sabe.
Quizá nunca os lo hayáis planteado, pero para mí la legumbre es una comida básica y estoy segura de que no podría vivir sin ellas, yo no, son la base de mi alimentación junto a las verduras y las frutas. Son mis proteínas, consumo cada día legumbres en sus diferentes formas y versiones.
Para cualquier persona que me esté leyendo deberían estar presentes al menos 3-4 veces a la semana. ¿No es mucho no?
Imaginaos cuando llegué a casa lo que quise comer: un buen plato de garbanzos con verduras. Ñam ñam.Por suerte estoy volviendo de unas vacaciones por Italia, bien conocida por sus pizzas, paninis, focaccias y gelatos, pero donde he descubierto dos platos de legumbres deliciosos.
En un restaurante en plena Siena, en cuanto vi sopa con judías blancas y rojas, allí que me lancé, hombre no, esas oportunidades no se desaprovechan, así como así.
Muy recomendable. Ribollita se llamaba. Estaba deliciosa. Con aceite de oliva de la zona, una brutal experiencia.
Y en mi última comida, una sopa típica de la Toscana. Con sus alubias blancas, sus espinacas, pura delicia italiana.
Y es que no hay nada más rico que un buen plato de legumbres, ya sea caliente, en frío, ensalada, en hummus o paté…
¿Te animas a contarme cual es la forma en la que más te gustan las legumbres?



